Ecuador denuncia en redes sociales el abandono de las autoriades

  • Vídeos realizados por ciudadanos constatan cómo familiares llevan a la calle a sus seres queridos fallecidos y los depositan sobre el asfalto por su temor a caer contagiados. El mismo temor que gritan los vecinos al ver semejantes escenas, incluso protagonizadas por policías o cuando se produce a la quema de los cuerpos al aire libre.

  • Guayaquil se muestra como el corazón de las imprevisiones de las autoridades políticas y sanitarias.


Cadáver a la puerta de un centro medico en Guayaquil

Durisímas imágenes son la que se pueden ver en las redes sociales, y ha duras penas podemos aguantar ese nudo en la garganta mientras contemplamos fotografias desoladoras y a sus protagonistas, los familiares narrando la situación en primera persona.La pandemia ha transformado a Guayaquil en una gran morgue al aire libre, sitiada por el pánico al contagio del coronavirus. Cientos de cadáveres se acumulan en las calles de la capital económica de Ecuador en espera a ser trasladados a los contenedores provisionales prometidos por el gobierno municipal, cuya alcaldesa,Cinthya Viteri, está contagiada. Lo mismo ocurre con 11 alcaldes de 22 en la región costeña del Guayas, cuya capital es Guayaquil, el lugar dondeel Covid-19 llegó, cadáveres envueltos en plásticos arrojados a la calle o acumulados en hospitales para confirmar que también en Ecuador la pandemia ha superado la capacidad de respuesta del Estado.


El drama de morir en plena calle

De momento el Gobierno se niega a instalar fosas comunes, pero su capacidad para enterrar los cuerpos es muy limitada. "Velaremos por un entierro digno a los fallecidos en la emergencia sanitaria y garantizamos la bioseguridad de los trabajadores de la salud dotándoles de insumos necesarios", avanzó el presidente Lenín Moreno.


  • Lo que ocurre en Guayaquil ha comenzado a ser presentado en otros países de la región como el resultado de no atender las restricciones para frenar la expansión del covid-19


Sin milagros

Sin embargo, el drama de la capital de Guayas excede las lógicas de la oferta y la demanda. La prensa ha informado de que las funerarias se han mostrado reacias a lidiar con los cadáveres en esas condiciones por el temor de sus empleados a contagiarse. Más allá de la anécdota macabra, Guayaquil se muestra por estas horas como el corazón de las imprevisiones de las autoridades políticas y sanitarias.  El pasado viernes, la ministra de Salud, Catalina Andramuño, abandonó su puesto. Su sustituto, Juan Carlos Zeballos, le advirtió este jueves a los ecuatorianos de que no puede obrar milagros. "Lamento comunicarles que, a pesar de todos nuestros esfuerzos la curva (de contagios) continúa en un ascenso exponencial"


  • Lo que ocurre en Guayaquil ha comenzado a ser presentado en otros países de la región como el resultado de no atender las restricciones para frenar la expansión del covid-19


El mal ejemplo


Lo que ocurre en Guayaquil ha comenzado a ser presentado en otros países de la región como el resultado de no atender las restricciones para frenar la expansión del covid-19. La alcaldesa de Bogotá, Claudia López, acaba de recordarle a los habitantes de la capital colombiana de los peligros que representa mirarse en el espejo de esa ciudad. "Entonces debemos estar en cuarentena el tiempo que sea necesario", pidió.

El Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos de Guayaquil denunció a su vez que los familiares de las víctimas no pueden llevar sus cuerpos a los cementerios porque carecen de los certificados de defunción. Los sectores de escasos recursos no pueden por otra parte pagar las cremaciones a las que obliga el Gobierno. El vicepresidente de Ecuador, Otto Sonnenholzner, llegó a proponer enterrar a los  muertos por coronavirus en fosas comunes y recibió una ola de repudios. 


El precio del ajuste

Moreno expresó su desagrado por la divulgación de las fotografías de los cadáveres en las calles. "No nos hagamos eco de las noticias falsas que tienen clara intencionalidad política", dijo. El año pasado, su Gobierno pidió un préstamo al Fondo Monetario Internacional (FMI) por 10.200 millones de dólares. A cambio, intentó llevar adelante un ajuste en el Estado que afectó seriamente al sector de la salud, como se recordó durante los días del estallido social de octubre pasado. Aquellos señalamientos recuperaron su actualidad. El fallecimiento de un bebé de siete meses, infectado con el virus y mal atendido, puso otra vez en escena el peso de las asignaturas pendientes.



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