• Redacción

El plan de desescalada del Gobierno del Reino Unido confunde e irrita a la población



Boris Johnson siempre tuvo la habilidad política de saber nivelar su discurso con el carácter de los británicos y decirles lo que querían escuchar. O al menos, arrancarles una sonrisa. Hasta ahora. 

El plan presentado este lunes para comenzar a recuperar la normalidad arrebatada al país por la crisis del coronavirus, bautizado con cierta pomposidad como "Nuestro Plan para la Reconstrucción: La Estrategia del Gobierno del Reino Unido para la Recuperación tras la covid-19”, ha generado confusión y enfado entre ciudadanos, empresarios y los Ejecutivos autónomos de Escocia, Gales e Irlanda del Norte.



Las nuevas medidas anunciadas por Johnson no se “imponen”, se “sugieren o aconsejan”. El plan hace énfasis en la idea defendida durante dos meses de “quedarse en casa”, pero a la vez anima a los británicos a comenzar a incorporarse a sus oficinas y fábricas si el teletrabajo es imposible. Anuncia la reanudación de algunos cursos escolares, “solo si las condiciones lo permiten”, y sugiere que los ciudadanos caminen o vayan en bicicleta, pero a la vez anuncia nuevas reglas de distanciamiento social para el uso de trenes, autobuses o metro.


Los británicos ya no se verán limitados a una sola salida diaria para hacer ejercicio. Podrán hacerlo todas las veces que lo consideren necesario, y eso incluye correr, ir en bicicleta, pasear, tomar el sol o hacer algún tipo de deporte de dos en dos, y con la debida distancia social. El Gobierno anima ahora a todos los ciudadanos a usar mascarilla en sitios cerrados, “pero no estamos obligando a nadie”, insistía Johnson. Y finalmente, se permite a los británicos desplazarse libremente a espacios abiertos, sin restricción de distancias, pero a la vez se conmina a seguir las normas de otros territorios como Escocia o Gales, donde permanece en vigor la orden de permanecer en casa.

Y se permitirá el contacto entre dos núcleos familiares de la misma familia, dentro de lo que el Gobierno denomina un “sistema de burbujas” similar al aplicado en Nueva Zelanda, en el que cada hogar representaría una burbuja. No sería hasta el 4 de julio “como muy pronto”, ya en la fase 3, cuando restaurantes, hoteles o pubs podrían atender de nuevo a sus clientes.

El documento confirma la decisión anticipada por Johnson el domingo de imponer cuarentena, en un futuro próximo aún no especificado, a los viajeros que lleguen al Reino Unido. “Todas aquellas llegadas internacionales no incluidas en una breve lista de excepciones (Londres y París, por ejemplo, acordaron libertad recíproca de movimiento) deberán aislarse durante 14 días a su llegada al Reino Unido. Si no son capaces de demostrar el lugar donde pasarán la cuarentena, deberán hacerlo en las instalaciones preparadas por el Gobierno”.

“Confiamos en que se produzca un avance definitivo [para poner fin a la amenaza del coronavirus], pero tener esperanza no puede ser nuestro plan”, ha explicado Johnson en el prólogo del documento. “La vacuna puede tardar más de un año. En el peor escenario posible, puede que nunca se descubra una”. Esta vez el primer ministro no ha dejado el menor hueco a su habitual optimismo en el mensaje. Y a falta de optimismo, la ciudadanía le ha reclamado una claridad y una certidumbre que Johnson ha sido incapaz de ofrecer.

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